Viajar en tren tiene algo que ninguna cabina de avión puede replicar: la sensación de ver cómo el paisaje cambia de verdad, curva a curva, pueblo a pueblo. En 2026, mientras el mundo habla de vuelos baratos y low cost, los trenes panorámicos y las rutas escénicas viven un renacer silencioso, casi de culto.
No son sólo un medio de transporte, sino parte central del viaje, con ventanales enormes, ritmo lento y escenas que parecen pensadas para una cámara. Desde glaciares hasta selvas, pasando por costas imposibles, estos recorridos convierten el trayecto en la mejor parte del itinerario. Esta lista reúne cinco viajes en tren que se viven como una película vista desde tu propio asiento.
1. Bernina Express, Suiza e Italia

El Bernina Express es probablemente el viaje en tren que más se parece a un montaje de escenas perfectas una detrás de otra. Une Tirano, en Italia, con St. Moritz, en Suiza, cruzando viaductos, túneles tallados en la roca, lagos helados y pasos de montaña que superan los 2.000 metros de altura.
En pocas horas pasás del ambiente mediterráneo a un paisaje alpino casi de cuento, con glaciares a la vista y nieve cubriendo todo lo que rodea las vías. Sus vagones panorámicos permiten ver el paisaje en 360 grados, lo que lo convierte en una experiencia ideal tanto en pleno invierno como en verano, cuando el verde estalla en las laderas.
2. Rocky Mountaineer, Canadá

El Rocky Mountaineer es el tren que se imagina cualquiera que sueña con atravesar las Montañas Rocosas mirando por una ventana gigante. Recorre diferentes rutas entre provincias como Alberta y Columbia Británica, encadenando lagos color turquesa, bosques densos, puentes altísimos y valles glaciares que parecen infinitos.
La experiencia está pensada para que mires por la ventana sin preocuparte por nada: asientos cómodos, techo de cristal, servicio a bordo constante y noches en hoteles en lugar de camarotes. Es un viaje perfecto para quienes quieren un contacto intenso con la naturaleza, pero sin renunciar a cierta cuota de comodidad y buen vino.
3. The Jacobite, Escocia

The Jacobite es el tren que muchos conocen sin saberlo: es el que cruza el viaducto de Glenfinnan en las películas de Harry Potter. El recorrido une Fort William con Mallaig, en las Tierras Altas escocesas, atravesando colinas verdes, lagos profundos y valles que parecen sacados de una leyenda celta.
Más allá del guiño cinéfilo, el viaje tiene un ritmo muy propio: humo de locomotora, vagones clásicos, clima cambiante y un paisaje que se vuelve más salvaje cuanto más se acerca a la costa. Es una excelente escapada de un día desde lugares como Inverness o Glasgow, y una forma distinta de entender la Escocia de castillos, ovejas y niebla baja.
4. Tren del fin del mundo, Ushuaia, Argentina

El llamado “Tren del fin del mundo” recorre parte del antiguo trazado que usaban los presos del penal de Ushuaia para ir a cortar leña en el bosque. Hoy es un tren turístico corto, pero muy cinematográfico: ventanales grandes, vagones de madera y un paisaje de bosques, ríos y turberas encajados entre montañas nevadas.
La experiencia funciona casi como una escena introductoria de la Patagonia austral: ayuda a entrar en clima antes o después de navegar el canal Beagle o recorrer el Parque Nacional Tierra del Fuego. Es ideal para quienes quieren un primer contacto suave con el entorno patagónico, con una historia potente detrás y una estética muy marcada.
5. Tren Qinghai-Tíbet, China

El tren Qinghai-Tíbet es uno de los recorridos ferroviarios más extremos del mundo, y no sólo por la altura que alcanza. Sube desde la provincia de Qinghai hasta Lhasa atravesando mesetas elevadísimas, lagos de un azul imposible y paisajes que combinan nieve, praderas y montañas sagradas.
En muchos tramos parece que el tren flotara sobre una nada infinita, con pueblos mínimos, yaks y banderas de oración marcando el paso. Es un viaje exigente por la altura, pero único para quienes buscan una experiencia que mezcle geografía extrema, cultura milenaria y esa sensación de estar transitando por uno de los bordes del mapa.
Yuniet Blanco Salas